Familia
Por: Actual Inmobiliaria / 18 de julio 2017
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PADRES SIEMPRE ALERTAS

Al parecer, con la llegada de la maternidad, la amnesia viene de añadidura. Me refiero a que, por alguna razón, a uno se le olvidan todas las mentiras que cuando niños dijimos a nuestros padres. Borramos de nuestro cerebro tantas excusas ingeniosas y una incalculable lista de artimañas que inventamos para burlar el control parental. Y las mamás nos ponemos terriblemente ingenuas y confiadas de nuestros hijos. Juramos que merecen de toda nuestra fe, aunque el engaño salte a la vista.

Pero hay mentiras y mentiras. Mi hijo de 11 años, por ejemplo, llegó con una mala nota en matemáticas. Me miró con cara de angustiado y se excusó diciendo, que “alguien se metió a mi prueba y escribió la respuesta equivocada”. En vez de retarlo, le hablé sobre la importancia de la honestidad. Sabiamente le dije que no me escondiera más las anotaciones o calificaciones por miedo a un castigo, ni que me inventara historias de duendes infiltrados en sus controles.

Sin embargo, mi candidez me sorprendió con otro de mis hijos, el de 15 años. Hace unos meses me dijo que iría a jugar fútbol a la plaza con unos amigos. Era un día sábado, cuatro de la tarde. Le creí. Al rato, supe que no andaban realizando actividades deportivas, precisamente. Al contrario, fueron a comprar y a tomar alcohol en el parque. A plena luz del día, entre medio de columpios y toboganes. A vista y paciencia de guardias que rondan por el sector.

Después de aquel episodio, la rabia por mi “ingenuidad” aún no se me pasa. Ahora mis ojos no se despegan de ese adolescente. Sospecho de cada uno de sus movimientos. Y está bajo estricto control hasta que cumpla 18 años.

También mi memoria volvió súbitamente. Me acordé de todas esas veces en que le dije a mi mamá que iba a la casa de una amiga, cuando en realidad iba a juntarme con mi pololo. Pienso, entonces, que sin caer en la tiranía y sobre todo, a medida que los niños crecen, los padres tenemos que estar siempre alertas. Y conscientes, claro, de que parte de la rebeldía de la juventud es desafiar a la autoridad.

Es necesario, igualmente, aprovechar estas instancias para conversar en familia. Nunca está de más recordarles a los hijos que la confianza hay que ganarla. Y que basta un paso en falso para perderla. Meterles en la cabeza, aunque les cueste un mundo entenderlo, que todo lo hacemos por su bien. Y que ellos algún día, también serán padres desmemoriados.

Por Gabriela Correa | Ilustración: Soledad Gatica